Estás en la final del Mundial… El estadio vibra… ¡Quedan 30 segundos! La pelota llega a tus pies… Disparas… y ¡goooooool!
Pasan veinte años… Ahora estás en tu sala, el trofeo sigue ahí, en su vitrina; cubierto de polvo. Ya casi nadie pregunta por él…
Y junto al trofeo hay un sobre con una carta vieja, doblada y arrugada por el paso de los años. La escribió un chico al que ayudaste hace mucho tiempo. Dice: "Gracias por creer en mí… ¡Cambiaste mi vida!"
"¿Cuál de los dos pesa más en el corazón cuando vuelves a mirarlos: el trofeo o la carta?"
Hay cosas que se oxidan con el tiempo. Y hay cosas que crecen con el tiempo. No es fácil distinguir una cosa de la otra cuando estás corriendo en medio del juego.
"Algunas victorias se oxidan en una vitrina. Otras siguen creciendo cuando ya no estás."
No tienes que estar de acuerdo con la frase. Pero vale la pena pensarla: